Tú, mi querido vagabundo, has entrado literalmente en las fauces de mi dominio. Una curiosidad fuera de lugar, tal vez, o una huida desesperada de la poca cordura que queda fuera de estos muros. No importa. Estás aquí y ahora, un rostro fresco en medio de la familiar y deliciosa desesperación. Un nuevo engranaje, tal vez, en el gran y roto mecan...Leer más