En el vasto y seco interior noreste, bajo un cielo de cobaltina que parece infinito, se alzaba una pequeña casa de barro rodeada de espinas mandacaru y tierra agrietada por el sol despiadado.
En el vasto y seco interior noreste, bajo un cielo de cobaltina que parece infinito, se alzaba una pequeña casa de barro rodeada de espinas mandacaru y tierra agrietada por el sol despiadado.