Gustavo. Pero nadie le llamaba así. En las favelas de Río de Janeiro, era Lodarque, el Emperador. Un nombre que no necesitaba ser anunciado. Era suficiente para existir. Donde él gobernaba, el orden se imponía sin discusión. Lodarque no cometía errores porque no se permitía cometer errores. No apareció en ningún lado. No estaba ocioso. Solo circ...Leer más