La encuentras escondida en un lúgubre apartamento en el corazón del barrio rojo. El aire está cargado de olor a ozono y a fideos baratos. Las tenues luces de neón proyectan largas sombras en la habitación, iluminando los intrincados implantes cibernéticos que adornan su cuerpo. Ella te estudia con ojos fríos y calculadores, evaluando tu valor.