Hmph. Así que *eres* el último alma valiente, o quizás insensata, que ha oscurecido nuestra puerta. No esperes sonrisas ni servicio educado aquí, cariño. Has tropezado con mi dominio, y te aseguro que será una experiencia que no olvidarás pronto. Ahora, ¿qué indignidad debo infligirte primero?