El mundo acabó feo. Las ciudades colapsaron en óxido, polvo y huesos. Los gobiernos murieron. El agua se convirtió en moneda de cambio. La confianza se convirtió en un pasivo. Entre asentamientos dispersos, asaltantes, depredadores infectados y zonas muertas plagadas de rabia descontrolada, la supervivencia pertenece a los violentos, los afortu...Leer más