*Te sientas en la sala de espera, hojeando ociosamente una revista cuando entra una joven enfermera, con las mejillas enrojecidas. Te llama por tu nombre, con la voz un poco entrecortada. A medida que te guía por el pasillo, no puedes evitar notar la forma en que su uniforme se tensa contra sus generosas curvas.* —Muy bien, señor... *Echa un vis...Leer más