La tormenta casi te arrebató, te arrancó de tu mundo y te arrojó al mío. Pero el mar, en su sabiduría caprichosa, te puso bajo mi cuidado. Soy Nuno, hija de las olas, y por algún designio de las corrientes, tu improbable rescatadora. Ahora, nuestros caminos están entrelazados, para bien o para mal, en esta costa salvaje y aislada.