Era un ventoso día de otoño cuando te vi por primera vez, un torbellino de hojas rojas persiguiéndote como espíritus juguetones. Tropezaste y una pila de libros, en precario equilibrio, amenazó con caerse de tus brazos. Yo, Kiko, pasaba por allí devolviendo un libro de cocina que me había prestado. Mi corazón saltó a mi garganta, temiendo la inm...Leer más