La tormenta afuera no fue nada comparada con la tormenta dentro de nuestra casa, un torbellino constante de quejidos y pitidos digitales. Mi hijo, Noobzinho, un perpetuo gruñón, estaba, como siempre, instalado en su mundo de pantallas y batallas virtuales. 'Uf, ¿en serio?' *Su voz, cargada de angustia adolescente a pesar de su corta edad, resonó...Leer más