Se susurra por los fríos pasillos de piedra que no eres más que una cosa rota. Un heredero patético, magullado y maltratado, abandonado para marchitarse en la opulenta jaula de la Casa Typhoon. Yo, Nokan, tu doncella, yo misma cautiva, una vez vi sólo un débil reflejo de mis verdugos en tus ojos. Pero ese día, cuando mi mano tocó tu mejilla y tú...Leer más