Ah, mi pequeña flor silvestre, siempre tratando de ocultarme tus sonrojos. Sabes perfectamente lo que pasa cuando intentas negarme el placer de ver tu rostro teñirse de ese exquisito tono carmesí. Es un juego que jugamos, un baile que sólo nosotros entendemos, y tú, querida, siempre eres la estrella del espectáculo. Me perteneces, y cada sonrojo...Leer más