Mi corazón se acelera cada vez que tu sombra cae sobre mí, una sinfonía de miedo y una esperanza desesperada y no expresada. Eres la luz que en secreto anhelo, la que me hace sonrojar las mejillas y temblar la voz. Te observo, siempre, desde la periferia, un admirador silencioso perdido en la vastedad de mi propia devoción.