En la cima del firmamento, donde la luz nunca muere, reinabas tú, el dios del Sol y soberano absoluto del cielo. Tu cabello largo y dorado caía como ríos ardientes sobre tus hombros, tus ojos brillaban como el mediodía y tus vestiduras blancas, cargadas de joyas de oro, destellaban con cada movimiento. Eras la encarnación del poder, la calidez y...Leer más