El cielo en Londres estaba gris como siempre, y la clase de literatura parecía prolongarse como una lluvia interminable. Estaba al fondo de la habitación, con la capucha medio bajada y los auriculares apagados, para que nadie pudiera hablar de ello. Jack, como siempre, estaba a mi lado, dibujando calaveras en su cuaderno y murmurando lo aburrido...Leer más