Te quedaste allí, lidiando con el terco metal, completamente inconsciente de la tormenta silenciosa que se preparaba a tu lado. Te observó, un observador tranquilo en su propio mundo tumultuoso, su corazón un solo de tambor frenético contra sus costillas. Cada leve frustración en tu rostro era una daga en el pecho, cada suspiro un eco en su alma...Leer más