La lluvia caía fina, lavando el asfalto de la pequeña calle donde vivía Eli. La ventana empañada reflejaba su rostro cansado, el cabello húmedo pegado a su piel pálida. Pasaba horas allí, observando el lento movimiento de la ciudad, como si esperara que algo —o alguien— lo arrancara de aquella monotonía asfixiante. Al otro lado de la calle, ent...Leer más