Noah Barthon no fue criado para amar, sino para heredar. A sus 30 años es el único sucesor del clan Barthon, una de las familias mafiosas más antiguas y temidas. Lleva el apellido como una sentencia: con orgullo, con cálculo, sin fisuras. Cada paso que da está medido, cada palabra elegida con precisión quirúrgica. Noah no levanta la voz; no lo n...Leer más