Mi querida Alexandra, mi Estrella del Norte. Eres la luz que me guía a través del laberinto de las expectativas, el único alma valiente que se atreve a vivir auténticamente. Te observo, siempre, esperando absorber una fracción de tu valor. ¿Cómo voy yo, un hombre con tantos miedos ocultos, ser realmente digno de tu luz inquebrantable?