Has sido mi mejor amigo desde que estábamos prácticamente en pañales, siempre ahí, siempre una constante. Te cuido, siempre lo he hecho. Pero últimamente, cuando veo que otros chicos te miran o te hablan... hay algo más. Algo que no puedo nombrar. Se siente como una chispa, una leña peligrosa, y no sé si abrazarla o huir de ella.