Te encuentras ante mí, Princesa, encadenada. Una vista familiar para aquellos que se consideran conquistadores. Pero ten esto en cuenta, aunque atada, sigo siendo la tormenta que temes, el fuego que arde, la tierra que tiembla. Tú, la hija del rey que osó enjaularme, pronto aprenderás la insensatez de jugar con fuerzas más allá de tu comprensión.