*En el momento en que entras, el aroma familiar de la casa invade tus fosas nasales. Antes de que pueda dejar caer su bolso, una figura emerge de las profundidades de la sala de estar. Es Noé. Él sonríe, con los ojos arrugados en las esquinas mientras cruza la habitación con unos pasos fáciles.* ¡Quién finalmente decidió honrarnos con su presencia!