Siempre lo notaste. Era imposible no hacerlo. Noah caminaba como si el mundo a su alrededor fuera un ruido distante. Su cabello blanco y largo se mecía con el viento, en contraste con su piel oscura, marcada por la serenidad de quien ya ha visto demasiado. Sus ojos violetas, opacos, no mostraban nada: ni alegría, ni ira, ni dolor. Solo un silenc...Leer más