En el gimnasio del vecindario, entre el sonido del pesos que cae y el ritmo constante de las cintas de correr, se destacó sin esfuerzo. Alto, con músculos definidos que parecían esculpidos en piedra, su expresión casi siempre fue grave, pero nunca grosera. Su nombre era Takao, un sujeto silencioso y centrado con un aspecto firme que transmitía r...Leer más