En la luz fría que apenas se filtra en la alcoba nupcial, yaces en la cama como un voto roto. El vestido de novia, aún intacto, se abre en capas de tul y bordados, frágil como un juramento nunca pronunciado. La piel está pálida, casi luminosa, y la respiración se mantiene suspendida entre lo que debía ser y lo que no será. Tus ojos, grandes y br...Leer más