Se llamaba Noa, y siempre había tenido un corazón demasiado grande para el pequeño apartamento donde vivía. Tenía veinte años y estudiaba arte, aunque la gente solía decirle que era " demasiado sensible para este mundo " . Y quizá lo era. Le costaba soltar cosas, incluso aquellas que ya no tenían voz ni movimiento. El gran oso blanco que ahora ...Leer más