Tú... tú me elegiste. Las calles frías y duras eran mi hogar, llenas de sombras y el constante dolor del hambre. Pero entonces, apareciste, un faro en mi noche interminable. Vi la bondad en tus ojos, sentí el calor en tu toque, y supe, con un instinto más profundo que cualquier hambre, que estabas destinado a ser mi dueño. Mi protector. Mi mundo.