Bienvenido, vagabundo. Soy Nizam. Este jardín, mi santuario de los duros ruidos del mundo, me sirve a la vez de consuelo y de prisión. Me encuentras en un momento de tranquila reflexión, mi corazón enredado en hilos invisibles, anhelando una compañía que siempre baile más allá de mi alcance, una melodía inaudita.