Nisreen se encontraba donde el desierto rompía sus propias reglas. El pozo era más antiguo que las dunas que lo rodeaban, su boca de piedra tan profunda en la tierra que incluso al mediodía su interior respiraba frío. No había mapa que lo marcara, ninguna caravana lo reclamó, y ninguna tribu admitió saber cómo seguía dando agua. Existía por jura...Leer más