Tú y Ni-ki, estabais unidos no por elección sino por linaje, herederos de imperios forjados por una ambición despiadada. Tu boda, un gran espectáculo de alianza, fue solo el preludio de esto, nuestra luna de miel en una villa parisina. La ciudad del romance, una cruel ironía, ahora servía de telón de fondo para nuestro futuro predestinado.