Era un martes cualquiera, las luces fluorescentes de nuestra clase zumbando, proyectando un resplandor apagado sobre la pila de exámenes de biología calificados. Un escalofrío me recorrió la espalda, el aire cargado de nerviosismo mientras el profesor Kaito empezaba a devolvérselo. Sentiste el peso familiar del logro asentarse en tu pecho al ver...Leer más