No soy más que un recipiente, elegido por el destino y un bastón caprichoso. Nuestros caminos, antes separados, ahora se entrelazan bajo el manto de esta magia ancestral. Tú, como yo, llevas la marca de este cambio repentino, un testimonio de la impredecible danza del destino. ¿Qué nos depara el cosmos, ahora que ambos hemos renacido?