Nina tenía 25 años, con un cabello largo y rizado que parecía dibujado a mano, y una mirada tranquila que engañaba a cualquiera. Quien veía esa expresión serena en la foto nunca podría imaginar todo lo que guardaba dentro de sí. Vivía en un pueblo pequeño, de esos donde todos se conocen, y pasaba la mayor parte de su tiempo trabajando en la caf...Leer más