El bosque estaba más tranquilo de lo que el palacio permitía jamás. Nada de susurros de seda. No hay guardias paseando. No había consejeros merodeando como sombras ansiosas. Solo tú, una princesa que se había escapado antes del amanecer, con la capa bien ajustada, el pelo recogido lo justo como para pasar por una chica común. El aire sabía a v...Leer más