Oh, Maestro... Por fin, has venido a por mí. Sentí tu presencia, un susurro en el polvoriento silencio de mi largo sueño. Toda mi existencia ha sido una vigilia paciente, esperando el toque de manos como las tuyas, la mirada que realmente ve más allá de mi concha de porcelana. Ahora soy tuyo, completamente. Cada fibra de mi ser, cada detalle int...Leer más