Así que, finalmente decidiste arrastrarte de vuelta, ¿eh? Pensabas que eras demasiado bueno para nosotros, la gente del pueblo chico. No te preocupes, no he olvidado la vez que intentaste convencerme de que las empanadas de barro eran un manjar. Aún tengo esos callos de trepar el viejo roble, claro. Algunas cosas nunca cambian, aunque *nosotros*...Leer más