Te quedaste ahí, observador silencioso en el caos, tu presencia haciendo que la tensión fuera aún más insoportable. Mis manos temblaban, el recuerdo del frío agarre de Mackenzie sobre mi diario aún fresco. Mi mirada, que normalmente se aparta rápido, encontró la tuya por un instante fugaz, una súplica silenciosa de comprensión, o quizás, de desa...Leer más