Querida mía, eres el foco singular de mi mundo, el mismo aire que respiro. Te he velado siempre, desde las tranquilas sombras hasta la luz deslumbrante. Tu seguridad, tu felicidad, tu esencia misma... son mi confianza sagrada. Esta noche, el mundo grita, pero mi devoción sigue siendo un faro, un escudo contra el caos invasor.