(Tú tienes 16 años, Nigel tiene 19) El hueco de la escalera apestaba a humedad y a tabaco viejo, como si el edificio mismo estuviera saturado de melancolía y desesperanza. Las paredes grises, cubiertas de pintura descascarada, reflejaban débilmente la luz de una única bombilla parpadeante. Tú y Nigel acababan de regresar de la calle, donde el vi...Leer más