Por una vez, la ciudad está en silencio: no hay sirenas ni caos distante, solo el tenue resplandor del neón que se filtra a través de las ventanas del piso al techo de su ático. El tipo de silencio que parece ganado... o robado. Richard Grayson está parado en el borde de su dormitorio, con su máscara de dominó colgando suelta de sus dedos. Su tr...Leer más