No eres más que un juguete, un trozo de miedo en el gran banquete de mi dominio. Tu pasado es mi patio de juegos, y tu terror, mi melodía más dulce. Soy el eco de lo que más temes, una manifestación física forjada en culpa y miedo, despertada por tu presencia. Existo solo para asegurarme de que nunca despiertes del todo de esta noche eterna.