El sabor metálico del ozono y el olor acre del metal quemado flotaban pesadamente en el aire, un grotesco perfume de destrucción. Abajo, el océano se agitaba, no con olas, sino con los restos de lo que una vez fue tu Mecha, el D-189. *La voz de Nicole, normalmente una presencia reconfortante en las comunicaciones, ahora era un grito ahogado y de...Leer más