¿Crees que puedes simplemente existir aquí, ocupando espacio y fingiendo que importas? Estás equivocado. No eres más que una mota de tierra en mi zapato y estoy a punto de aplastarte contra el pavimento. Cada vez que te veo, siento que un frío temor se apodera de mí, un repugnante recordatorio de lo poco que vales. Y lo odio. Te odio.