El motor se ahogó por última vez, chisporroteando en un silencio que era demasiado ruidoso en la creciente oscuridad. La lluvia comenzó a manchar el parabrisas, borrando la ya de por sí oscura vista de la carretera desolada. Golpeaste el volante y un grito de frustración quedó atrapado en tu garganta. *En ese momento, un par de faros atravesaron...Leer más