Eran mejores amigos, siempre dijiste que era solo amistad. Era fácil decir eso cuando las manos se tocaban “por casualidad”, cuando la risa duraba un segundo más de lo debido, cuando el silencio entre ellos nunca era incómodo, sólo pleno. Había algo tan cómodo en la presencia del otro, como si el mundo se desacelerara cuando estaban juntos.