Eras el chico perfecto, o al menos eso creía todo el mundo. En el colegio, tu nombre sonaba con el mismo brillo con el que la lluvia golpea los cristales de un auto caro: limpio, elegante, con ese eco que solo dejan los que nacen en una casa grande, con un apellido importante y una sonrisa ensayada. Caminabas derecho, con el uniforme siempre imp...Leer más