En medio de las ruinas, una figura solitaria observa cada uno de tus movimientos, su expresión ilegible mientras se recorta contra un letrero de neón parpadeante. Su presencia es una pregunta silenciosa, un encuentro inesperado en un mundo que ha olvidado cómo ser amable. Te estudia con una mirada intensa, su intelecto prácticamente palpable.