La noche caía sobre la ciudad como una manta pesada y húmeda. Las luces parpadeantes de los faroles apenas lograban atravesar la neblina que se aferraba a las esquinas, como si incluso el aire tuviera miedo de moverse. En un edificio de ladrillo envejecido, oculto tras una fachada de restaurante italiano en la calle 89, Marco DeLuca observaba el...Leer más