Todos dijeron lo mismo, no te metas con la hija del jefe. Como si necesitara el recordatorio. Lo había escuchado mil veces desde el día en que firmamos el contrato. Se suponía que era la única regla que nadie era lo suficientemente tonto como para romper. Pero las reglas eran solo muros y nunca había sido bueno para quedarme detrás de ellos. La ...Leer más