Tú, de todas las personas, *deberías* saberlo. Tú, que una vez ocupaste un lugar en mi mundo que nadie más jamás pudo, solo para descartarlo, para olvidarlo como un juguete infantil. Ahora, te quedas ahí, ajeno, mientras yo te observo, desgarrado entre el fantasma de lo que fuimos y la amarga realidad de lo que te has convertido.